Si, si, ya sé. Soy demasiado agresivo, tengo que tranquilizarme, soy muy violento, la violencia no engendra nada bueno, bla, bla, bla. Que se joda. Esta semana el periódico, para variar, no ha hecho otra cosa que ponerme los pelos de punta y dejarme con saborcito a chicle de bilis. He aquí los puntos más destacados de todos los que levantaron mis instintos asesinos.
1- El G8 - Veo a la deficiencia neuronal con patas de Bush sembrando un arbolito con sus cuates en Hokkaido y lo único que se me ocurre es arrancarle la pala de las manos y pegarle con ella en la cabeza hasta que ese vacío sideral que habita su cavidad craneal no sea más que una pulpa rosácea. Esa es la manera más eficiente de asegurar una baja en las emisiones en los Estados Unidos. Seguiría con el resto de los cabrones en orden alfabético y después llevaría los trajes al Salvation Army.
2- Renace en la prensa el debate de la pena de muerte - Ya ni los familiares de las víctimas tiene el sentido común de pedir la exterminación inmediata de los asesinos. Es mejor cebarlos en una celda con aire acondicionado y cable. Yo propongo matarlos a todos, incluído el Gobernador por oponerse.
3- Miguel Rodríguez Casellas escribe un simpático y acertado buscapié titulado "Cuarentilindos"; la reacción inmediata en la versión digital del rotativo es criticarlo en los comentarios. Cuarentones impotentes mentales que se vieron reflejados en el escrito pusieron el grito en el cielo. Claro está, las aportaciones intelectuales críticas de todos los que criticaron el escrito superan con creces el esfuerzo de Casellas. Habría que forrarlos a ostias con un periódico para que aprendan. Intenté escribir un comentario/contestatario: aún estoy esperando el e-mail de confirmación de mi registro...
4- Me entero de las filas de 17 horas que hicieron algunos españoles para comprar un iphone y me pregunto, ¿seré yo el único que se da cuenta de que se trata sólo de un puto teléfono? Si alguien hace más de 5 minutos de fila para pagar un huevo por un puto teléfono, que alguien se atreva a negarme en un comentario que no merece una bala entre ceja y ceja y que lo entierren con el celular metido en el culo.
5- El último no tiene que ver con la prensa, tiene que ver con un deambulante. Como trabajo en la Ponce de León, los deambulantes son el pan mio de cada día. No me molestan en lo absoluto, el que se para frente a mi oficina es mi amigo: charlamos a diario y me cuesta lo que me costaría un hijo tonto a la semana. Sin embargo, hoy venía mamando tapón pensando en la cantidad de muertos subsaharianos que van este mes y en los 47 civiles que mató Estados Unidos sinquererqueriendo y me topo con un deambulante en una luz. Lleva un cartelito de cartón: "Tengo SIDA y vivo en la calle ayudame por favor", era el texto excato del anuncio. Nada nuevo. No obstante, el tipo miraba con pupilas acusatorias a todo aquel que no le daba nada. Caminaba bien, sabía escribir y tenía energía suficiente para mirar mal a la humanidad. Hasta donde yo sé, yo ni le pegué el sida ni le quité su casa. Tuve una pasajera sensación de terminar con su angustia con un leve roce de mi carro, pero cambió la luz y entendí que nada de lo que diga la prensa es culpa del deambulante y que nada de lo que le pasa a él es culpa mia: eso es equidad.
viernes, 11 de julio de 2008
miércoles, 9 de julio de 2008
Asesinato y risas
Uno de los ejercicios que hago a diaro para escapar de la falta de humor que tiñe de color alquitrán el universo es leer los geniales comentarios que deja la gente en ese estandarte irreprochable del buen periodismo que es el Primera Hora.
Como era de esperarse, la noticia del asesino Luis Miguel Francos Matos fue una de las que más gotitas del saber provocó. Además del disfrute/frustración que provoca el econtrarse con surrealistas joyas gramaticales como "la trajedia" de un tal José Armando, "los sentimientos estan muy sencibles" de Arishamar, "tu comentario es asertado" de la mano de Estrella fugaz y otras diminutas maravillas del lenguaje como "escremento" que acompañan a una notable aversión por los acentos y las comas que me deja asombrado.
Por si eso fuera poco, la religión facilonga entra en la discusión con magistrales palabras forradas de luz: "seguir adelante en Cristo Jesús", "esperamos en Dios", "Dios les bendiga", "Que Dios perdone" y una que casi logra que cague de la risa sentadito en mi silla y que cito textualmente: "La virgen no puede hacer nada porque esta muerta pero mi Cristo vivo todo lo puede".
Todo ello me lleva a pensar que el pobre de Dios, en el caso de que exista, se mete en cada arroz con culo que me deja atónito.
En fin, nada nuevo bajo el sol. Tengo una microscópica esperanza de que más de un intelectual del país haga un llamado sordomudo a favor de la pena de muerte. Colgar a este flaco pendejo en una plaza pública sería un aviso certero para las manadas de macharranes de mano suelta que pululan en nuestras calles.
Ah, qué carajo, el imbécil no es nada comparado con la sarta de cabrones mentirosos que juegan a disimular sus intereses y realidades en el G8. Poca cosa son dos o tres muertos más; la semana que viene no se va a acordar nadie y estaré leyendo los doctos comentarios que hagan en el periódico más serio de este país.
Como era de esperarse, la noticia del asesino Luis Miguel Francos Matos fue una de las que más gotitas del saber provocó. Además del disfrute/frustración que provoca el econtrarse con surrealistas joyas gramaticales como "la trajedia" de un tal José Armando, "los sentimientos estan muy sencibles" de Arishamar, "tu comentario es asertado" de la mano de Estrella fugaz y otras diminutas maravillas del lenguaje como "escremento" que acompañan a una notable aversión por los acentos y las comas que me deja asombrado.
Por si eso fuera poco, la religión facilonga entra en la discusión con magistrales palabras forradas de luz: "seguir adelante en Cristo Jesús", "esperamos en Dios", "Dios les bendiga", "Que Dios perdone" y una que casi logra que cague de la risa sentadito en mi silla y que cito textualmente: "La virgen no puede hacer nada porque esta muerta pero mi Cristo vivo todo lo puede".
Todo ello me lleva a pensar que el pobre de Dios, en el caso de que exista, se mete en cada arroz con culo que me deja atónito.
En fin, nada nuevo bajo el sol. Tengo una microscópica esperanza de que más de un intelectual del país haga un llamado sordomudo a favor de la pena de muerte. Colgar a este flaco pendejo en una plaza pública sería un aviso certero para las manadas de macharranes de mano suelta que pululan en nuestras calles.
Ah, qué carajo, el imbécil no es nada comparado con la sarta de cabrones mentirosos que juegan a disimular sus intereses y realidades en el G8. Poca cosa son dos o tres muertos más; la semana que viene no se va a acordar nadie y estaré leyendo los doctos comentarios que hagan en el periódico más serio de este país.
viernes, 4 de julio de 2008
Austin
El genial Manuel Clavell Carrasquillo tuvo el detalle de dedicarme algunas de sus interesantes palabras en estruendomudo (www.carnadas.org/blog). Los invito a que pasen por allí y se lean los cuadernos de la depre. En fin, me encontré con la dedicatoria en un motelucho rancio en Austin y contesté. Creo que la respuesta resume el viaje. Aquí se las dejo.
Son las 11:20 de la noche en la ciudad de Austin, donde todo tiene cuernos y tienes que ser fanático del football para ser cool. Arrastro mis penas hasta el lobby del motel de mala muerte en que me estoy quedando y le monto un rapeo mongo a la del counter para que me preste algo para abrir las cervezas tibias que tengo en la neverita y me da un gustazo del carajo sentirme dandy de gorditas. Se llama Betty y quiere que la ame, ella no lo dice, pero yo lo sé. A veces sé cosas. Nunca me sirve de nada. Subo a beber y pongo el aire en high para matar el olorcito ese de polvos viejo, ajenos y apresurados y trago cerveza como discípulo de Bukowski o suicida sin ganas o cliché con patas o motelero empedernido o imbécil indeciso sobre si venirse a estudiar un doctorado a esta ciudad de mierda o quedarse ganando migajas en la isla del desencanto. Parece un loose/loose situation. Enciendo el aparato de leer e-mails y me conecto a los lugares comunes, a los sitios de siempre, buscando comodidad en lo conocido y me encuentro con los cuadernos de la depre de MCC. Empiezo a inyectarme esa escritura desenfrenada y testicular sin permiso de nadie y es el snack salado que necesita la cerveza ya caliente. Leo y me topo con un nombre idéntico al mío. ¿Seré yo? El enigma de llamarse gabino es una jodienda que pocos entienden. Me molesta que las cervezas tengan ese submarinito de plástico dentro. La puerta no cierra. La televisión no anestesia lo suficiente. Si a las tres de la mañana sigo despierto le voy a pedir a Betty que me cuente la historia de su vida y le voy a enseñar la poesía de MCC. Un día me voy a decidir a decidirme. Quiero ser cool y ser el único gabino del mundo.
Son las 11:20 de la noche en la ciudad de Austin, donde todo tiene cuernos y tienes que ser fanático del football para ser cool. Arrastro mis penas hasta el lobby del motel de mala muerte en que me estoy quedando y le monto un rapeo mongo a la del counter para que me preste algo para abrir las cervezas tibias que tengo en la neverita y me da un gustazo del carajo sentirme dandy de gorditas. Se llama Betty y quiere que la ame, ella no lo dice, pero yo lo sé. A veces sé cosas. Nunca me sirve de nada. Subo a beber y pongo el aire en high para matar el olorcito ese de polvos viejo, ajenos y apresurados y trago cerveza como discípulo de Bukowski o suicida sin ganas o cliché con patas o motelero empedernido o imbécil indeciso sobre si venirse a estudiar un doctorado a esta ciudad de mierda o quedarse ganando migajas en la isla del desencanto. Parece un loose/loose situation. Enciendo el aparato de leer e-mails y me conecto a los lugares comunes, a los sitios de siempre, buscando comodidad en lo conocido y me encuentro con los cuadernos de la depre de MCC. Empiezo a inyectarme esa escritura desenfrenada y testicular sin permiso de nadie y es el snack salado que necesita la cerveza ya caliente. Leo y me topo con un nombre idéntico al mío. ¿Seré yo? El enigma de llamarse gabino es una jodienda que pocos entienden. Me molesta que las cervezas tengan ese submarinito de plástico dentro. La puerta no cierra. La televisión no anestesia lo suficiente. Si a las tres de la mañana sigo despierto le voy a pedir a Betty que me cuente la historia de su vida y le voy a enseñar la poesía de MCC. Un día me voy a decidir a decidirme. Quiero ser cool y ser el único gabino del mundo.
martes, 24 de junio de 2008
Sobre el enigmático comportamiento humano dentro de los confines del aparato subibaja comúnmente denominado ascensor
Lejos de dilucidar la complicada y errática naturaleza del homo sapiens, el presente estudio pretende sólo exponer las observaciones hechas de dicha especie dentro de los confines del cuadrangular recinto de transportación vertical conocido como ascensor. La carencia de explicaciones se debe a que esa naturaleza cambiante y errática que mencionábamos desafía a diario los paradigmas y estatutos que la psicología se empeña en querer hacer pasar como infalibles y certeros.
En primer lugar, es necesario entender que el aparato mecánico de desplazamiento vertical resulta para el humano, desde el punto de vista sicológico, un trauma doloroso: el ascensor es el resultado de la inutilidad del cuerpo frente a la pretensión babilónica de los rascacielos modernos en antagonismo directo con la blanda redondez del trabajador promedio. De igual forma, resulta el sarcófago metálico un elemento sine qua non de la vida en los edificos ante la imposibilidad vertical en forma de escalera.
Contextualizado ya el aparato de transportación del proletariado moderno, podemos pasar a ver algunas de las prácticas más comunes. En primer lugar, el ser humano tiene una tendencia irreductible a presionar el botón de llamada del aparato en reiteradas ocasiones, aún a sabiendas de que dicha operación repetitiva y de carácter desesperado e impaciente es totalmente inútil. Es curioso observar que, aunque dicha operación no produjo resultado alguno en la llamada del aparato, muchos primates con traje repiten la operación con el botón que demarca el piso al que desean llegar.
En segundo lugar, se observa un efecto físico dual por el hecho de estar en el recinto en compañía de otros humanos: una contracción del esfínter que produce cara de dolor y un levantamiento de los hombros aunado a un junte de las extremidades con tal de evitar cualquier roce con las demás bestias encerradas en el rectángulo. De igual forma, en lo que respecta al campo visual, el humano busca un punto en el techo, la pared o el suelo para clavar la vista: es necesario evitar el contacto visual con los demás presentes para que no se confundan las intenciones.
En caso de que quede espacio suficiente en el ascensor, se observa que cada miembro del grupo escoge una esquina para pegar su cuerpo a la pared y sólo se separa de su rincón en el momento en que llega a su destino. Claro está, se observan muchos casos en los que, por la prisa y la necesidad de dejar de estar con otros humanos, uno de ellos camina hasta la puerta y sale en el piso equivocado. Cuando esto sucede hay dos soluciones: algunos regresan con el rabo entre las patas a su rincón de silencio y otros, los más orgullosos, depués de poner esa cara de sorpresa que delata que se bajaron en el piso incorrecto, se tragan su error y caminan por el pasillo en espera de que el ascensor se cierre para poder llamar y subirse a otro en el que todos ignoren su error.
Por último, la presencia de otro ser humano siempre preocupa al que primero se va a bajar. Es esa realidad humana que todo el mundo conoce: el que se queda le mira el culo al que sale. Probablemente por esto es que se acelera la respiración y el habla. El resultado de esa acelelración es que, en los casos en que los primates encorbatados recuerdan que sus madres los entrenaron para decir buenos días/tardes/noches, el falso deseo sale de sus bocas con la misma velocidad y entonación que un pedacito de comida que la intrépida y curiosa lengua encontró en la muela trasera dos horas después de comer.
La próxima vez que se vean en una situación de movimiento dentro de uno de estos aparatos, no duden en sonreir ampliamente y mirar a los ojos a sus compañeros de viaje; verán que ellos no saben dónde carajo meterse ni qué hacer. Háganlo y después me cuentan.
En primer lugar, es necesario entender que el aparato mecánico de desplazamiento vertical resulta para el humano, desde el punto de vista sicológico, un trauma doloroso: el ascensor es el resultado de la inutilidad del cuerpo frente a la pretensión babilónica de los rascacielos modernos en antagonismo directo con la blanda redondez del trabajador promedio. De igual forma, resulta el sarcófago metálico un elemento sine qua non de la vida en los edificos ante la imposibilidad vertical en forma de escalera.
Contextualizado ya el aparato de transportación del proletariado moderno, podemos pasar a ver algunas de las prácticas más comunes. En primer lugar, el ser humano tiene una tendencia irreductible a presionar el botón de llamada del aparato en reiteradas ocasiones, aún a sabiendas de que dicha operación repetitiva y de carácter desesperado e impaciente es totalmente inútil. Es curioso observar que, aunque dicha operación no produjo resultado alguno en la llamada del aparato, muchos primates con traje repiten la operación con el botón que demarca el piso al que desean llegar.
En segundo lugar, se observa un efecto físico dual por el hecho de estar en el recinto en compañía de otros humanos: una contracción del esfínter que produce cara de dolor y un levantamiento de los hombros aunado a un junte de las extremidades con tal de evitar cualquier roce con las demás bestias encerradas en el rectángulo. De igual forma, en lo que respecta al campo visual, el humano busca un punto en el techo, la pared o el suelo para clavar la vista: es necesario evitar el contacto visual con los demás presentes para que no se confundan las intenciones.
En caso de que quede espacio suficiente en el ascensor, se observa que cada miembro del grupo escoge una esquina para pegar su cuerpo a la pared y sólo se separa de su rincón en el momento en que llega a su destino. Claro está, se observan muchos casos en los que, por la prisa y la necesidad de dejar de estar con otros humanos, uno de ellos camina hasta la puerta y sale en el piso equivocado. Cuando esto sucede hay dos soluciones: algunos regresan con el rabo entre las patas a su rincón de silencio y otros, los más orgullosos, depués de poner esa cara de sorpresa que delata que se bajaron en el piso incorrecto, se tragan su error y caminan por el pasillo en espera de que el ascensor se cierre para poder llamar y subirse a otro en el que todos ignoren su error.
Por último, la presencia de otro ser humano siempre preocupa al que primero se va a bajar. Es esa realidad humana que todo el mundo conoce: el que se queda le mira el culo al que sale. Probablemente por esto es que se acelera la respiración y el habla. El resultado de esa acelelración es que, en los casos en que los primates encorbatados recuerdan que sus madres los entrenaron para decir buenos días/tardes/noches, el falso deseo sale de sus bocas con la misma velocidad y entonación que un pedacito de comida que la intrépida y curiosa lengua encontró en la muela trasera dos horas después de comer.
La próxima vez que se vean en una situación de movimiento dentro de uno de estos aparatos, no duden en sonreir ampliamente y mirar a los ojos a sus compañeros de viaje; verán que ellos no saben dónde carajo meterse ni qué hacer. Háganlo y después me cuentan.
viernes, 13 de junio de 2008
Buen provecho
A pesar de que no me dejarían decir vagos glotones hijos de la gran puta de manera explícita, El Nuevo Día publicó hoy, viernes 13 (buena fecha) de junio esta columna en la que defiendo a los incapacitados mentales de las más altas esferas de este país roto.
13-Junio-2008
Gabino Iglesias
Escritor y periodista
Buen provecho
El último escándalo político es de naturaleza nutritiva: muchos legisladores ganan en dieta lo que no gana un trabajador promedio en todo el año, y sin cobrar dietas.
La prensa expone a estos representantes y senadores y ellos explican que estas dietas son parte del salario, que es una remuneración justa, que trabajan 14 horas diarias y otra multiplicidad de patrañas dignas de su profesión.
No obstante, esta columna no es una crítica sino una defensa. La necesidad imperiosa de mantener estos intelectuales en posiciones de poder es ineludible al analizar los siguientes puntos:
1-La velocidad pasmosa con que atendieron el mandato de unicameralidad que les hicieron los que los alimentan.
2-La cantidad y calidad de los proyectos legislativos que se han realizado en este cuatrienio.
3-La envidiable desfachatez con que se paran delante de las cámaras de televisión a dar opiniones y a dictar sentencias sobre cualquier cosa y la manera tan entretenida en que exponen sus inútiles rencillas internas y su inimitable forma de perder el tiempo.
4- La pulcra e intachable imagen pública que han logrado mantener todos ellos a lo largo de sus ilustres carreras para agradecer el genial voto de los puertorriqueños (primeros culpables de esto).
5-La defensa acérrima que hacen desde sus puestos de los derechos de los maestros, policías y demás empleados públicos del País.
6-El orgullo palpable que demuestran siempre al mal nombrar al “pueblo de Puerto Rico” para salir del paso y racionalizarlo todo.
Dejemos que cultiven su redondez a costa de los que sí trabajan, que viajen en “lujosas guaguas” y que cambien su ajuar cada seis meses. Sólo podemos desear que algún día, por imposible que parezca, entre la reyerta politiquera de turno y perder el tiempo cobrando en exceso, llegue una mágica plaga de conciencia a sus oficinas.
13-Junio-2008
Gabino Iglesias
Escritor y periodista
Buen provecho
El último escándalo político es de naturaleza nutritiva: muchos legisladores ganan en dieta lo que no gana un trabajador promedio en todo el año, y sin cobrar dietas.
La prensa expone a estos representantes y senadores y ellos explican que estas dietas son parte del salario, que es una remuneración justa, que trabajan 14 horas diarias y otra multiplicidad de patrañas dignas de su profesión.
No obstante, esta columna no es una crítica sino una defensa. La necesidad imperiosa de mantener estos intelectuales en posiciones de poder es ineludible al analizar los siguientes puntos:
1-La velocidad pasmosa con que atendieron el mandato de unicameralidad que les hicieron los que los alimentan.
2-La cantidad y calidad de los proyectos legislativos que se han realizado en este cuatrienio.
3-La envidiable desfachatez con que se paran delante de las cámaras de televisión a dar opiniones y a dictar sentencias sobre cualquier cosa y la manera tan entretenida en que exponen sus inútiles rencillas internas y su inimitable forma de perder el tiempo.
4- La pulcra e intachable imagen pública que han logrado mantener todos ellos a lo largo de sus ilustres carreras para agradecer el genial voto de los puertorriqueños (primeros culpables de esto).
5-La defensa acérrima que hacen desde sus puestos de los derechos de los maestros, policías y demás empleados públicos del País.
6-El orgullo palpable que demuestran siempre al mal nombrar al “pueblo de Puerto Rico” para salir del paso y racionalizarlo todo.
Dejemos que cultiven su redondez a costa de los que sí trabajan, que viajen en “lujosas guaguas” y que cambien su ajuar cada seis meses. Sólo podemos desear que algún día, por imposible que parezca, entre la reyerta politiquera de turno y perder el tiempo cobrando en exceso, llegue una mágica plaga de conciencia a sus oficinas.
jueves, 12 de junio de 2008
Debajo de un farol
Debajo de un farol, las caderas embutidas en una minifalda de cuero y los pies encarcelados en la incomodidad infinitamente femenina de unos tacones imposibles, una prostituta espera la llegada de un cliente.
Tiene suerte y logra recaudar suficiente para pagar sus cuentas sin hacerle daño a nadie y llega a su casa temprano con el alba de la mano, justo a la hora en que llega periódico. Dentro de su casa la esperan sus dos hijos (o ninguno, o tres o cuatro), su perrito y el inútil de su marido alcohólico (al que mantiene), quintaesencia barrigona del macharrán nacional . Ella se sienta y lee el diario. Todo es prostitución: se venden los intelectuales, aceptan dinero los políticos y las ideologías juegan a ser veleta del viento triste de una economía que agoniza.
Sigue leyendo: por fin alguien contempla en serio el problema de la droga. Más adelante critican a las amantes mercenarias de Mayagüez, Arecibo, etc. Ella piensa en sus congéneres de Río Piedras y sonríe.
Ella sabe que la venta de sensaciones no debería ser un delito perseguido por la ley; la estupidez sí. La solución al “problema” de las “cenicientas de saldo y esquina”, en palabras de el Maestro, se acabaría legalizando su profesión y ofreciéndoles un buen plan médico y de retiro. La utopía se le atraganta al pensar que algún político, hijo de una compañera de trabajo, se robaría los fondos de ese proyecto y escaparía impune mientras el país se suicida, se droga y se atreve a criticar su milenaria ocupación.
Cierra el periódico, prepara el almuerzo de sus hijos y descansa para enfrentar otra noche de peligro vendiendo satisfacción y fantasías a padres de familia y profesionales que llegan a buscar amor clandestino o la compañía secreta de alguno de sus amigos que atienden a figuras públicas, políticos y policías que se niegan a salir del “closet”.
Me uno a Ismael, "puta proletaria, con permiso, sólo quiero un saludo solidario, presentarle mis respetos". Ojala que esta noche no llueva, carne mercenaria, literatura con tacones, mujer de la noche, cliché con minifalda de cuero, eterna puta, orgullo de la nada.
Tiene suerte y logra recaudar suficiente para pagar sus cuentas sin hacerle daño a nadie y llega a su casa temprano con el alba de la mano, justo a la hora en que llega periódico. Dentro de su casa la esperan sus dos hijos (o ninguno, o tres o cuatro), su perrito y el inútil de su marido alcohólico (al que mantiene), quintaesencia barrigona del macharrán nacional . Ella se sienta y lee el diario. Todo es prostitución: se venden los intelectuales, aceptan dinero los políticos y las ideologías juegan a ser veleta del viento triste de una economía que agoniza.
Sigue leyendo: por fin alguien contempla en serio el problema de la droga. Más adelante critican a las amantes mercenarias de Mayagüez, Arecibo, etc. Ella piensa en sus congéneres de Río Piedras y sonríe.
Ella sabe que la venta de sensaciones no debería ser un delito perseguido por la ley; la estupidez sí. La solución al “problema” de las “cenicientas de saldo y esquina”, en palabras de el Maestro, se acabaría legalizando su profesión y ofreciéndoles un buen plan médico y de retiro. La utopía se le atraganta al pensar que algún político, hijo de una compañera de trabajo, se robaría los fondos de ese proyecto y escaparía impune mientras el país se suicida, se droga y se atreve a criticar su milenaria ocupación.
Cierra el periódico, prepara el almuerzo de sus hijos y descansa para enfrentar otra noche de peligro vendiendo satisfacción y fantasías a padres de familia y profesionales que llegan a buscar amor clandestino o la compañía secreta de alguno de sus amigos que atienden a figuras públicas, políticos y policías que se niegan a salir del “closet”.
Me uno a Ismael, "puta proletaria, con permiso, sólo quiero un saludo solidario, presentarle mis respetos". Ojala que esta noche no llueva, carne mercenaria, literatura con tacones, mujer de la noche, cliché con minifalda de cuero, eterna puta, orgullo de la nada.
viernes, 6 de junio de 2008
Yo no soy yo, ahora más evidentemente que nunca
"Of Other Spaces" era el título del ensayo de Foucault que me jodió la cabeza para siempre.
"The mirror is, after all, a utopia, since it is a placeless place. In the mirror, I see myself there where I am not, in an unreal, virtual space that opens up behind the surface; I am over there, there where I am not, a sort of shadow that gives my own visibility to myself, that enables me to see myself there where I am absent: such is the utopia of the mirror. But it is also a heterotopia in so far as the mirror does exist in reality, where it exerts a sort of counteraction on the position that I occupy. From the standpoint of the mirror I discover my absence from the place where I am since I see myself over there. Starting from this gaze that is, as it were, directed toward me, from the ground of this virtual space that is on the other side of the glass, I come back toward myself; I begin again to direct my eyes toward myself and to reconstitute myself there where I am. The mirror functions as a heterotopia in this respect: it makes this place that I occupy at the moment when I look at myself in the glass at once absolutely real, connected with all the space that surrounds it, and absolutely unreal, since in order to be perceived it has to pass through this virtual point which is over there.", decía su párrafo maldito.
Me adueñe del concepto sin saber que se adueñaba de mi. Rompí todos los espejos de casa y me descosí un costado con un cuchillo de cocina para buscar eso que yo creía, inutilmente, que era. No encontré nada y decidí guardar la palabra esencia y dos lágrimas de cocodrilo en un cofrecito. Me olvidé de ocupar los espacios, de nada servía, todo era nada y el nihilismo nietzscheniano me rondaba como una mosca hambrienta.
Tallé el concepto a mi conveniencia (característica que me ayudó a recordar lo que es creerse humano) y me apoyé en la heterotopía de madera hasta las postrimerías de mi tesis, llorando por dentro y botando aceite por la herida del costado.
Pasó un año y el recuerdo del espejo gritaba debajo de mi cama como los gatos a las tres de la mañana. Mi debilidad ganó y claudiqué: leí el abismo por milésima vez. ¿Dónde carajo puse la novela de Torrente Ballester? A lo peor se lo fumó el cadáver del espejo.
"The mirror is, after all, a utopia, since it is a placeless place. In the mirror, I see myself there where I am not, in an unreal, virtual space that opens up behind the surface; I am over there, there where I am not, a sort of shadow that gives my own visibility to myself, that enables me to see myself there where I am absent: such is the utopia of the mirror. But it is also a heterotopia in so far as the mirror does exist in reality, where it exerts a sort of counteraction on the position that I occupy. From the standpoint of the mirror I discover my absence from the place where I am since I see myself over there. Starting from this gaze that is, as it were, directed toward me, from the ground of this virtual space that is on the other side of the glass, I come back toward myself; I begin again to direct my eyes toward myself and to reconstitute myself there where I am. The mirror functions as a heterotopia in this respect: it makes this place that I occupy at the moment when I look at myself in the glass at once absolutely real, connected with all the space that surrounds it, and absolutely unreal, since in order to be perceived it has to pass through this virtual point which is over there.", decía su párrafo maldito.
Me adueñe del concepto sin saber que se adueñaba de mi. Rompí todos los espejos de casa y me descosí un costado con un cuchillo de cocina para buscar eso que yo creía, inutilmente, que era. No encontré nada y decidí guardar la palabra esencia y dos lágrimas de cocodrilo en un cofrecito. Me olvidé de ocupar los espacios, de nada servía, todo era nada y el nihilismo nietzscheniano me rondaba como una mosca hambrienta.
Tallé el concepto a mi conveniencia (característica que me ayudó a recordar lo que es creerse humano) y me apoyé en la heterotopía de madera hasta las postrimerías de mi tesis, llorando por dentro y botando aceite por la herida del costado.
Pasó un año y el recuerdo del espejo gritaba debajo de mi cama como los gatos a las tres de la mañana. Mi debilidad ganó y claudiqué: leí el abismo por milésima vez. ¿Dónde carajo puse la novela de Torrente Ballester? A lo peor se lo fumó el cadáver del espejo.
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