miércoles, 21 de mayo de 2008

Río Piedras, martes, noche

Esta ciudad es como una sarna vieja que rascamos con gusto. Un guilty pleasure asqueroso que muchos niegan por las mañanas entre la camisa por dentro y frases intelectuales de alto vuelo. Poco importa. Sigues; pies arriba y abajo sobando una acera puerca con olores insultantes y repleta de charquitos de oscuridad. Más arriba el ruido incesante de la variopinta fauna callejara anuncia la llegada de las horas indecibles. Aullidos y sudor bailan tangos en el aire. Dulzón y denso el olor a marihuana y cuneta. El chancleteo de algunos, el pelo largo de otros, las faldas cortas como sentencias, las promesas vacías de los escotes falsos, la mirada intensa de los maricones a la defensiva y mucho sobaco al aire.
La gente se para en círculo con el afán de crear una ilusión de privacidad en el espacio abierto. "Aguaniiiiiileeeee" despeñándose desde las altas bocinas clavadas a la pared como imitadores de Jesús y la voz de Héctor Lavoe pasándose la realidad espaciotemporal por el forro. Cerveza barata pero fría que anestesia el esfuerzo de gato hidráulico de las gargantas que intentan alzarse más allá del pandemonio.
Un tecato se desliza por un poste como largatija hebria y acaricia el maltrecho carrito de compra lleno de latas con la cabeza. Su caída perenne me entretiene. Pienso fugazmente en las pesadillas de Einstein. Aquí la sociología tiembla, la psicología se funde y la etnografía se alcoholiza.
Perla habla de Santo Domingo. Acodados en un pedazo de aluminio, húmedo de sabe Dios qué, miramos al tecato e intentamos mantener vivo el pasado a base de nombrarlo. Gambi y Manu llegan y los divorcios ajenos se convierten en celebraciones anticipadas. En la calle pululan los hijos de nadie, las ansias de alargar la noche hasta el infinito, de encontrar ESO. Ser y estar recobran su importancia y alguien pide un vaso de hielo. El éxito de una perfecta comunicación entre tanto ruido desplaza todas las teorías comunicativas conocidas hasta el momento. Que nadie me hable de hipertextos: todo remite a todo. Es lo que somos. Lastima que todo se acabe.

1 comentario:

manuel dijo...

chachoooo! viste que ahora está el lounge baco en la esquina de la esteban gonzález y universidá? el otro día vi también la barra grande que abrieron en los altos de lo que antes era el gimnasio. río piedras a pie, aunque sean cuatro calles, el barrio aquel del canal 4 pisado con palmolives y sueños o eran estrellitas y duendes o eran causas y azares?, súper kool.

mcc