En menos de 400 pies cuadrados se encerró el universo por doce meses. El aliento podrido que escupía la calefacción no logró matarme, el hecho de que más de la mitad de los cajones disponibles no abrieran no me molestó, la falta de presión en la ducha se tornó un deporte y el peculiar olor que acompañaba al horrendo sofá nunca me pareció un insulto.
Ahora me mudé. Saqué mis libros, ropa, trabajos viejos, mis dos televisores (uno de ellos no sirve y lo tengo de mascota), mis zapatos y mi guitarra y los metí en un lugar nuevo, más grande, mejor. El problema radica en que mi antigua cueva tenía lo que tienen los lugares en los que pasamos mucho tiempo encerrados: personalidad.
Ahora tengo el doble de espacio y ningún mueble. Anoche esperé que el reloj leyera 12:00 a.m. y, guitarra en mano, pinté las paredes con las mismas canciones que usé para calentar el otro rincón.
Un libro de Pynchon en el suelo y un poco de jazz en el estereo es más que suficiente para que un lugar deje de ser un lugar y se convierta en un espacio habitable, conocidó y cómodo sin importar la falta absoluta de muebles. Cuando no se tiene un sitio para poner el culo, tiende uno a prestar más atención al alma. Cuando la cama está en el piso, alcanzar el vuelo de la imaginación se torna una necesidad. Cuando tenemos poco, todo significa un poco más.
miércoles, 26 de agosto de 2009
miércoles, 19 de agosto de 2009
Un año
Un año de aberraciones y festejos mentales. Un año de cruzar el río en busca de otro estado mental y de mirar pasar la vida desde la acera mientras me siento a hablar con cuanto loco, drogadicto o alienígena se cruza en mi camino. Un año de extrañar Puerto Rico y todas las personas y lugares que lo hacen especial. Un año de leer como un demente, de cazar libros como quien caza tesoros y de aprender que "hay cosas que es mejor no aprender." Un año de amistad con un ciego con el mejor sentido del humor de cualquier gringo y con un escritor de verdad que nunca tendrá el éxito ni el dinero que tienen los imbéciles descerebrados de la escuela de Pablo Conejo. Un año de entregar mi suerte a los designios de la trasnportación pública y de manejar los olores a humanidad que de vez en cuando me invaden en la guagua. Un año de pelearme con la eterna aparición de un futuro un poco mejor que nunca logro alcanzar y que se mete debajo de la interminable colección de periódicos y revistas viejas que pueblan en suelo del apartamento. Un año de una soledad divina que me enseña a diario la importancia del silencio y me hace cada vez más amigo de músicos muertos y de escritores malditos. Un año de gastar sin mesura la suela de los zapatos en busca de la libertad absoluta. Un año de un sol seco que mata la grama y de un frío implacable que se mete por debajo de la puerta e invade la cama. Un año de hacer y deshacer maletas, decir hola y adiós, dormir en camas distintas y mirar cómo se desmorona el mundo a los poquitos desde el placer de mi propia consistencia trasnmutable. Un año de escribir sin pausa en pos de que quede algo firme al final del día. Un año de ver películas de culto y de compartir el insomnio con la televisión. Un año de sacarle el dedo a la muerte, tirarle piedras a los aviones, escupir al olvido, acariciar las aceras, visitar cascadas, compartir palabras, explorar cunetas y pescar acordes.
Hoy, 19 de Agosto de 2009, cumplo un año de haber llegado a Austin. ¿Qué carajo me espera en los próximos 365 días?
Hoy, 19 de Agosto de 2009, cumplo un año de haber llegado a Austin. ¿Qué carajo me espera en los próximos 365 días?
jueves, 13 de agosto de 2009
Tan de vuelta como si nunca me hubiese ido
Después de tres aviones (sólo uno con retraso), dos autobuses y un "single serving friend", estoy de vuelta en Austin.
El apartamento me recibió con un extraño olor a encerrado, polvo dormido sobre todas las superficies oscuras, una nevera totalmente vacía y un anillo negro alrededor del inodoro. Además, ahora tengo un enorme hueco en el techo de la ducha que me brinda mientras me baño una hermosa vista del podrido entresuelo de madera del viejo edificio en el que vivo.
Pensar que hace unos días estaba comiendo con los viejos, bebiendo en Guánica o tranquilamente sumergido en la piscina del complejo en el que vivo me hace extrañar Puerto Rico.
Por otro lado, leo el periódico y casi me alegro de haberme tenido que ir.
He aquí algunas de las noticias del día:
1- "El pastor David Velázquez López se declaró culpable hoy de cinco cargos de actos lascivos, tras lograr un acuerto con la fiscalía para que se le sentencie a 20 años de probatoria." 20 años de probaroria... tremenda mierda! A este individuo había que castralo y después arrastralo atado de un caballo desde San Juan hasta Mayagüez. Cada vez que leo sobre la manera en que trabaja la "justicia" en Puerto Rico me debato tanto entre reír y llorar que termino con ganas de asesinar a alguien. Total, si mato a alguine seguro que consigo un acuerdo de dos días de probatoria y tres Padre Nuestros.
3- "Invertirán un millón en seguridad del Tren Urbano. La medida es para la lucha antiterrorista en la Isla." No tengo palabras. ¿Quién carajo va a venir a Puerto Rico a poner una bomba para matar cuatro gatos? La idea es tan brillante como... todas las que se les ocurren a los cabezahuecas que hacen el aguaje de llevar las riendas del país.
Lamentablemente, USA no está mejor: "HAGERSTOWN, Maryland (AP) — El Servicio Secreto investigaba a un hombre que según las autoridades sostenía un cartel que decía “Muera Obama” durante una sesión de preguntas y respuestas sobre la reforma al sistema de salud en Maryland." ¿No se puede usar un cartel en la cuna de la democracia? Con todas las veces que le declaré la guerra a Bush desde este blog debo ser el enemigo público #1. Esta tarde voy a escribir "Muerte a Obama" en un cartón y me voy a subir en la guagua con él al pescuezo a ver qué pasa.
Por último, y de esto no ha hablado ningún periódico del país, murió en gran Les Paul, padre de la guitarra eléctrica e inventor de las grabaciones multitrack. Al próximo imbécil que me mencione a Michael Jackson, esa japonesa fea que sólo daba grititos y usaba un guante ridículo, se la suelto.
El apartamento me recibió con un extraño olor a encerrado, polvo dormido sobre todas las superficies oscuras, una nevera totalmente vacía y un anillo negro alrededor del inodoro. Además, ahora tengo un enorme hueco en el techo de la ducha que me brinda mientras me baño una hermosa vista del podrido entresuelo de madera del viejo edificio en el que vivo.
Pensar que hace unos días estaba comiendo con los viejos, bebiendo en Guánica o tranquilamente sumergido en la piscina del complejo en el que vivo me hace extrañar Puerto Rico.
Por otro lado, leo el periódico y casi me alegro de haberme tenido que ir.
He aquí algunas de las noticias del día:
1- "El pastor David Velázquez López se declaró culpable hoy de cinco cargos de actos lascivos, tras lograr un acuerto con la fiscalía para que se le sentencie a 20 años de probatoria." 20 años de probaroria... tremenda mierda! A este individuo había que castralo y después arrastralo atado de un caballo desde San Juan hasta Mayagüez. Cada vez que leo sobre la manera en que trabaja la "justicia" en Puerto Rico me debato tanto entre reír y llorar que termino con ganas de asesinar a alguien. Total, si mato a alguine seguro que consigo un acuerdo de dos días de probatoria y tres Padre Nuestros.
3- "Invertirán un millón en seguridad del Tren Urbano. La medida es para la lucha antiterrorista en la Isla." No tengo palabras. ¿Quién carajo va a venir a Puerto Rico a poner una bomba para matar cuatro gatos? La idea es tan brillante como... todas las que se les ocurren a los cabezahuecas que hacen el aguaje de llevar las riendas del país.
Lamentablemente, USA no está mejor: "HAGERSTOWN, Maryland (AP) — El Servicio Secreto investigaba a un hombre que según las autoridades sostenía un cartel que decía “Muera Obama” durante una sesión de preguntas y respuestas sobre la reforma al sistema de salud en Maryland." ¿No se puede usar un cartel en la cuna de la democracia? Con todas las veces que le declaré la guerra a Bush desde este blog debo ser el enemigo público #1. Esta tarde voy a escribir "Muerte a Obama" en un cartón y me voy a subir en la guagua con él al pescuezo a ver qué pasa.
Por último, y de esto no ha hablado ningún periódico del país, murió en gran Les Paul, padre de la guitarra eléctrica e inventor de las grabaciones multitrack. Al próximo imbécil que me mencione a Michael Jackson, esa japonesa fea que sólo daba grititos y usaba un guante ridículo, se la suelto.
jueves, 6 de agosto de 2009
"Al lugar donde has sido feliz...
no debieras tratar de volver." Si no saben quién lo dijo... para eso está el Internet: edúquense. El punto es que esa frase ha probado ser certera en más de una ocasión a lo largo de mi vida. Las cosas se acaban, la gente se muere, los amigos cambian, las estructuras se deterioran, los artefactos de quiebran, los paisajes se pavimentan, etc. Sin embargo, resulta que, como todas las reglas de la vida, existen ocasiones excepcionales en las que el truco sale bien y se puede recuperar la gloria.
Ayer, por ejemplo, volví a sumergir mi cuerpo en las benditas aguas de la Jungla. Regresé a la risa constante, el sol, el alcohol desmedido, la carcajada absoluta, la música que alimenta el espíritu y a las amistades con las que se forjó el mejor pasado. Con un vaso de plástico lleno de ron en la mano y la carne inmersa en agua salada, recargué la batería, me olvidé de los dramas rutinarios y preparé mi cerebro para la inevitable vuelta a la vida académica.
Sentado en el nuevo tablado de Juan, con una guitarra en las manos y la luna retocándose el maquillaje en la ensenada, me di cuenta de que se puede regresar al lugar donde una vez se fue feliz.
Ante la inminente aparición de un aeropuerto en mi futuro inmediato, nada mejor que escuchar las oraciones cósmicas del saxofón de Fela Kuti. Ante la falta de recursos económicos, el salpicón salado y el vuelo al ras del agua de un pelicano. Ante la presión de la nada, el absolutismo innegable de un horizonte azul. Ante los que dicen que no se puede volver a ser feliz y que todo tiempo pasado fue mejor, un buen mandar la vida al carajo y hacer exactamente lo que te plazca.
Ayer, por ejemplo, volví a sumergir mi cuerpo en las benditas aguas de la Jungla. Regresé a la risa constante, el sol, el alcohol desmedido, la carcajada absoluta, la música que alimenta el espíritu y a las amistades con las que se forjó el mejor pasado. Con un vaso de plástico lleno de ron en la mano y la carne inmersa en agua salada, recargué la batería, me olvidé de los dramas rutinarios y preparé mi cerebro para la inevitable vuelta a la vida académica.
Sentado en el nuevo tablado de Juan, con una guitarra en las manos y la luna retocándose el maquillaje en la ensenada, me di cuenta de que se puede regresar al lugar donde una vez se fue feliz.
Ante la inminente aparición de un aeropuerto en mi futuro inmediato, nada mejor que escuchar las oraciones cósmicas del saxofón de Fela Kuti. Ante la falta de recursos económicos, el salpicón salado y el vuelo al ras del agua de un pelicano. Ante la presión de la nada, el absolutismo innegable de un horizonte azul. Ante los que dicen que no se puede volver a ser feliz y que todo tiempo pasado fue mejor, un buen mandar la vida al carajo y hacer exactamente lo que te plazca.
domingo, 26 de julio de 2009
My name in The New York Times
Así es; sin tener que matar a nadie mi nombre ha salido en el periódico de récord de los Estados Unidos de América, el New York Times. No les cuento cómo llegó a ser lo que hoy es porque el ensayo ya es bastante largo y no quiero que se cansen de leer. Lo que si puedo decir es que no me editaron y me pagaron... poco más se puede pedir!
University of Texas, Austin
An Awful ‘Why?’ Hung Over My Head
GABINO IGLESIAS
Published: July 26, 2009
So the letter came in the mail. I opened it with a feigned nonchalance that nobody bought. That marvelous university, that public Ivy, that Research 1 institution had said yes.
Congrats to me. A mixture of happiness and uncertainty fell through the roof of my head like a hammer. What was I supposed to do now with my fiancée and my two jobs? What about my old car and my friends?
A few weeks went by with incredible speed and I found myself in the airport with a ticket to Austin in my hand, two bags, my laptop and my guitar. At some point I had made the decision without letting me know. My mom wept a bit. My dad was his stoic self. My fiancée would have to stay back; someone was going to have to work while I found a job. I couldn’t stop thinking that you only notice how little you actually own when you put it all in a few suitcases and carry it across the deep blue puddle that separates you from somewhere else.
My new home, which I had only seen online before renting it, was about two miles from campus and a marvel of modern design: creaky old bed, ugly sofa with a funky smell, table with two broken-down chairs, microscopic kitchen, full bathroom, nightstand, peek-in closet and a chest with six drawers (of which only three worked), all within the confines of almost 400 square feet.
The biggest thing in the apartment was a Why? that hung over my head like one of those black clouds you see in cartoons. That first night was spent listening to the cars going by outside my window and the constant sad moan emitted by the elderly refrigerator. I guessed it was hungry. I knew I was.
I got a job as a T.A. for a radio class and took all the required training. It basically boiled down to two things: don’t stab students and try not to date them, either. I was cool with both, although time would show me that the first one was harder to comply with than the second.
I quickly got used to waking up very early and catching a bus with dirty seats and way too many sleepy people inside it. I even got used to the silence and the shared yawns of the commuters. Loneliness came and went like a tide.
The classes I took tried their best to knock me down and I pushed back with my own agenda. I found out that the qualitative thinkers, authors, researchers and theorists I had hated during my previous degree were now something like a shield against the new quantitative stuff they were trying to slam down my throat.
When things got rough, I strummed my guitar. The sounds that came from it were like a balm for my tired brain. When the new information became too much to digest, I reread Foucault and Baudrillard. It helped me feel a tad less lost.
At some point I became very certain I would survive the whole ordeal and would emerge unscathed at the other end.
As a student and as a T.A., I met nice people and people who weren’t very nice at all. Some of the students had interesting stories and incredible dreams to share while others had crazy excuses and stories that I was already tired of hearing. People also started telling me that I didn’t sound like I was from Puerto Rico. I recorded myself and found out that I sound like myself. I tried my best to put a little cadence into my voice to sound more Puerto Rican, but I ended up scaring people because I sounded a lot like Tony Montana.
The semester came and went and a new one appeared just as quickly. I got a paper accepted at a conference and I jumped on a plane and went to Oklahoma to present it. I felt that I was going places until the guy at the front desk told me with stern eyes not to steal the towels.
I fell into the ebb and flow of academic life and even managed to have a few laughs between papers, classes, presentations and my job. At night, I read novels and wrote on a small desk under a picture of Bukowski taped to the wall. Then, on the afternoon of a day that had started as any other, I entered my minuscule apartment and the huge Why? was gone. Instead of that awful presence, a few answers were written on the walls with ink that only I could see. The list went more or less like this:
• Traveling increases your references, your truths, your capacity for understanding and your ability to comprehend others.
• Living alone makes you grow in ways you had never imagined and helps you get to know yourself.
• Making friends and meeting people from all over the world enriches your life, augments your emotional intelligence and makes you see how important it is to turn mere tolerance into a deep, welcoming understanding and acceptance.
• Having an education is something not even your loans can put a price on.
• Saying no to this opportunity would have been something you would have regretted the rest of your life.
As I read the words that weren’t really there, I understood that asking Why? constantly is very important simply because it eventually leads to reasons.
Now I have my reasons; do you have yours?
Gabino Iglesias, University of Texas, Austin, Ph.D. candidate, 2012, journalism
University of Texas, Austin
An Awful ‘Why?’ Hung Over My Head
GABINO IGLESIAS
Published: July 26, 2009
So the letter came in the mail. I opened it with a feigned nonchalance that nobody bought. That marvelous university, that public Ivy, that Research 1 institution had said yes.
Congrats to me. A mixture of happiness and uncertainty fell through the roof of my head like a hammer. What was I supposed to do now with my fiancée and my two jobs? What about my old car and my friends?
A few weeks went by with incredible speed and I found myself in the airport with a ticket to Austin in my hand, two bags, my laptop and my guitar. At some point I had made the decision without letting me know. My mom wept a bit. My dad was his stoic self. My fiancée would have to stay back; someone was going to have to work while I found a job. I couldn’t stop thinking that you only notice how little you actually own when you put it all in a few suitcases and carry it across the deep blue puddle that separates you from somewhere else.
My new home, which I had only seen online before renting it, was about two miles from campus and a marvel of modern design: creaky old bed, ugly sofa with a funky smell, table with two broken-down chairs, microscopic kitchen, full bathroom, nightstand, peek-in closet and a chest with six drawers (of which only three worked), all within the confines of almost 400 square feet.
The biggest thing in the apartment was a Why? that hung over my head like one of those black clouds you see in cartoons. That first night was spent listening to the cars going by outside my window and the constant sad moan emitted by the elderly refrigerator. I guessed it was hungry. I knew I was.
I got a job as a T.A. for a radio class and took all the required training. It basically boiled down to two things: don’t stab students and try not to date them, either. I was cool with both, although time would show me that the first one was harder to comply with than the second.
I quickly got used to waking up very early and catching a bus with dirty seats and way too many sleepy people inside it. I even got used to the silence and the shared yawns of the commuters. Loneliness came and went like a tide.
The classes I took tried their best to knock me down and I pushed back with my own agenda. I found out that the qualitative thinkers, authors, researchers and theorists I had hated during my previous degree were now something like a shield against the new quantitative stuff they were trying to slam down my throat.
When things got rough, I strummed my guitar. The sounds that came from it were like a balm for my tired brain. When the new information became too much to digest, I reread Foucault and Baudrillard. It helped me feel a tad less lost.
At some point I became very certain I would survive the whole ordeal and would emerge unscathed at the other end.
As a student and as a T.A., I met nice people and people who weren’t very nice at all. Some of the students had interesting stories and incredible dreams to share while others had crazy excuses and stories that I was already tired of hearing. People also started telling me that I didn’t sound like I was from Puerto Rico. I recorded myself and found out that I sound like myself. I tried my best to put a little cadence into my voice to sound more Puerto Rican, but I ended up scaring people because I sounded a lot like Tony Montana.
The semester came and went and a new one appeared just as quickly. I got a paper accepted at a conference and I jumped on a plane and went to Oklahoma to present it. I felt that I was going places until the guy at the front desk told me with stern eyes not to steal the towels.
I fell into the ebb and flow of academic life and even managed to have a few laughs between papers, classes, presentations and my job. At night, I read novels and wrote on a small desk under a picture of Bukowski taped to the wall. Then, on the afternoon of a day that had started as any other, I entered my minuscule apartment and the huge Why? was gone. Instead of that awful presence, a few answers were written on the walls with ink that only I could see. The list went more or less like this:
• Traveling increases your references, your truths, your capacity for understanding and your ability to comprehend others.
• Living alone makes you grow in ways you had never imagined and helps you get to know yourself.
• Making friends and meeting people from all over the world enriches your life, augments your emotional intelligence and makes you see how important it is to turn mere tolerance into a deep, welcoming understanding and acceptance.
• Having an education is something not even your loans can put a price on.
• Saying no to this opportunity would have been something you would have regretted the rest of your life.
As I read the words that weren’t really there, I understood that asking Why? constantly is very important simply because it eventually leads to reasons.
Now I have my reasons; do you have yours?
Gabino Iglesias, University of Texas, Austin, Ph.D. candidate, 2012, journalism
lunes, 13 de julio de 2009
Hipertextualidad alcohólica
Advertencia: lo que sigue son los pedazos que he podido rescatar de una conversación que tuve conmigo mismo bajo la luz de la luna y bajo los efectos embriagantes del bendito bálsamo nacional conocido comúnmente como pitorro.
Qúe mierda, no me gusta para nada Carlos Fuentes. ¿Por qué gritan tanto las mujeres cuando se emborrachan? Poco importa: en este país todo el mundo escribe. Sobran libros. Hay que empezar a matar escritores: lo que hace falta son más putas y más taxistas. ¿Cuánto va a durar la innecesaria perorata mediática en torno a Michael Jackson? Nació un hombre negro y murió una vieja fea japonesa: fin de la historia. Apuesto lo que sea que hasta el metalenguaje tiene un límite claro y definido. ¿Será que la gente no mata políticos por mera vagancia? Algún día formaré y lideraré el ejercito de los que detestan al imbécil ladrón de Ricardo Arjona. El que no ha probado café hecho en un prensa francesa no ha probado café. La mejor forma de desarmar al tiempo es ignorándolo. Distinto a lo que muchos creen, en el mundo no hay dos playas iguales. A veces mis dedos extrañan mi guitarra con la fuerza que los pulmones de un ahogado extrañan el aire. ¿Por qué nadie comenta nunca en mi blog? Sencilla respuesta: no escribes nada que pellizque su necesidad de drama. ¿Por qué casi todos los libros malos son de más de 500 páginas? Tengo ganas de ir al cine. Puedes beber pitorro dos horas y te seguirá quemando la garganta tanto como el primer trago. Moriría de sobredosis si se pudieran inyectar las canciones.
Qúe mierda, no me gusta para nada Carlos Fuentes. ¿Por qué gritan tanto las mujeres cuando se emborrachan? Poco importa: en este país todo el mundo escribe. Sobran libros. Hay que empezar a matar escritores: lo que hace falta son más putas y más taxistas. ¿Cuánto va a durar la innecesaria perorata mediática en torno a Michael Jackson? Nació un hombre negro y murió una vieja fea japonesa: fin de la historia. Apuesto lo que sea que hasta el metalenguaje tiene un límite claro y definido. ¿Será que la gente no mata políticos por mera vagancia? Algún día formaré y lideraré el ejercito de los que detestan al imbécil ladrón de Ricardo Arjona. El que no ha probado café hecho en un prensa francesa no ha probado café. La mejor forma de desarmar al tiempo es ignorándolo. Distinto a lo que muchos creen, en el mundo no hay dos playas iguales. A veces mis dedos extrañan mi guitarra con la fuerza que los pulmones de un ahogado extrañan el aire. ¿Por qué nadie comenta nunca en mi blog? Sencilla respuesta: no escribes nada que pellizque su necesidad de drama. ¿Por qué casi todos los libros malos son de más de 500 páginas? Tengo ganas de ir al cine. Puedes beber pitorro dos horas y te seguirá quemando la garganta tanto como el primer trago. Moriría de sobredosis si se pudieran inyectar las canciones.
jueves, 2 de julio de 2009
Celulares y carros
Aquí les dejo una columnita que publicó El Nuevo Día hoy. A sabiendas de que no servirá de nada en cuanto al ridículo número de boricuas que hablan por teléfono, mandan mensajes de textp y leen sus e-mails en el carro, por lo menos me sirvió para contestarle al profesor del RUM.
02-Julio-2009
GABINO IGLESIAS
Las manos en el guía
El pequeño vehículo azul invade mi carril. Muevo el guía a la izquierda y aprieto el claxon sin rencor, sólo a manera de aviso. Cuando paso cerca del carro que casi me cuesta la tarde y la salud, la chica lleva los ojos clavados en su falda y sólo tiene una mano en el guía: sé que manda o lee un mensaje de texto.
Más adelante un hombre vocifera como si quisiera tragarse su teléfono. La única mano que lleva sobre el volante la usa para golpearlo en repetidas ocasiones y para gesticular violentamente mientras una vena serpentea y palpita peligrosamente sobre su frente.
Ya cerca de casa el tapón me obliga a sentarme y observar. La inmensa mayoría de los conductores que me rodea llevan un aparato celular pegado a la cara como una prótesis incapacitante que imposibilita la cautela, nubla la vista, entorpece los reflejos y, en muchos casos, caldea los humores.
Cuando por fin salgo de mi vehículo, emana de mi garganta el suspiro común de todo puertorriqueño tras sobrevivir un día más en las carreteras del país. Seguro que durante el fin de semana me reuniré con amigos e intercambiaremos historias de supervivencia durante nuestros periplos vehiculares.
Me siento a leer el periódico, que por la tarde ya es historia, y un profesor del RUM, dice que la sociedad “no está lista” para que se implemente la prohibición de los celulares mientras se conduce, como si la falta de “preparación” menguara la necesidad imperiosa de la ley.
También dice que las estadísticas de otros países “no comparan”, como si al final del día no estuviésemos hablando de lo mismo: distracción mientras se conduce.
Dos favores: no generalice y sáqueme del grupo de los que no están preparados para unas vías de rodaje más seguras.
02-Julio-2009
GABINO IGLESIAS
Las manos en el guía
El pequeño vehículo azul invade mi carril. Muevo el guía a la izquierda y aprieto el claxon sin rencor, sólo a manera de aviso. Cuando paso cerca del carro que casi me cuesta la tarde y la salud, la chica lleva los ojos clavados en su falda y sólo tiene una mano en el guía: sé que manda o lee un mensaje de texto.
Más adelante un hombre vocifera como si quisiera tragarse su teléfono. La única mano que lleva sobre el volante la usa para golpearlo en repetidas ocasiones y para gesticular violentamente mientras una vena serpentea y palpita peligrosamente sobre su frente.
Ya cerca de casa el tapón me obliga a sentarme y observar. La inmensa mayoría de los conductores que me rodea llevan un aparato celular pegado a la cara como una prótesis incapacitante que imposibilita la cautela, nubla la vista, entorpece los reflejos y, en muchos casos, caldea los humores.
Cuando por fin salgo de mi vehículo, emana de mi garganta el suspiro común de todo puertorriqueño tras sobrevivir un día más en las carreteras del país. Seguro que durante el fin de semana me reuniré con amigos e intercambiaremos historias de supervivencia durante nuestros periplos vehiculares.
Me siento a leer el periódico, que por la tarde ya es historia, y un profesor del RUM, dice que la sociedad “no está lista” para que se implemente la prohibición de los celulares mientras se conduce, como si la falta de “preparación” menguara la necesidad imperiosa de la ley.
También dice que las estadísticas de otros países “no comparan”, como si al final del día no estuviésemos hablando de lo mismo: distracción mientras se conduce.
Dos favores: no generalice y sáqueme del grupo de los que no están preparados para unas vías de rodaje más seguras.
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